viernes, 27 de enero de 2012

Me gusta jugar a póker... si es en Las Vegas, mejor ^^

Que me encanta Las Vegas es algo que ya sabéis ;) Pero este no va a ser mi típico post de viajes (eso otro día jeje). Sólo os contaré mi experiencia en un torneo de póker en el Caesars Palace n_n (por cierto, esto fue este verano n_n).

Habitualmente juego sit & go y muy de vez en cuando torneos. Como ya era de los últimos días en Las Vegas y mi economía era… por ser magnánimo, escasa XD me apunté a un torneo pequeñito en el Caesars (aprovechando que quedaba cerquita de mi hotel).

Al tratarse de un torneo barato sabía que me encontraría con tres tipos de jugadores. Los turistas que se apuntan sin saber muy bien a qué van (cuidadito con ellos que la potra del novato es chulísima), los turistas que saben de que va el tema pero su juego es amateur (ese soy yo XD) y los que NO son turistas y participan sabiendo que muchos de los participantes tenemos un nivel medio o bajo… es decir, dinero relativamente fácil.

Mi estilo de juego es un poco “roca”, lo que quiere decir que apuesto en pocas manos. En un torneo pequeñito no es la opción más sensata… peeero es que no me sale de otra manera (debo mejorar eso -_-U).

El problema de ser “roca” es que te delatas como “peligroso” en el momento que apuestas… dices “call” (voy) y te miran con recelo… y si dices “raise” (subo) saltan todas las alarmas XD y claro, eso no es muy interesante XD
Como sé que es así siempre utilizo la misma técnica… el farolaaaaaaco de película, que A) si sale bien mooola y ayuda a romper tu imagen de roca y B) es ideal para cabrear a los “pro” que van de guays XD y eso siempre me gusta jeje
Cómo funciona el farolaaaaaco de película (por pasos):
1.- Esperas a tener el rol de “roca” –“sólo juego buenas manos”-.
2.- Esperas a tener una mano horrible (7, 2 de palo distinto es la peor n_n).
3.- Rezas para que el pro de la mesa suba antes de que te toque hablar.
4.- Sólo ves la apuesta.
5.- Si la cosa va bien el pro o apostará tras ver la siguiente carta de mesa, o si va muy bien resubirá… a todo esto, es importante que no ligues nada con las cartas de la mesa (que si no ya no es un farolaaaaaco de película XD).
6.- Tú sólo ves.
7.- Habla el pro… apuesta (con suerte una suma considerable)…
8.- No tienes na de na pero haces una resubida de aquí te quiero ver. Si todo va como deseas que vaya el pro se tomará su tiempo para pensar (tú, cara de póker… es decir, la misma cara que pones cuando estás medio borracho en la disco y quieres parecer un tio interesante –exacto, igual de inútil ;) -).
El pro posiblemente pensará: “Este cabrón sólo me hacía call esperando manaza, y al muy h de p le ha salido” ooooo “me la quiere meter… esto es un farol fiiiiijo”. Pero se lo piensa (tú, cara de no veo ni torta pero me parece que a la camarera le molo –ni de coña XD-).
9.- El pro se huele que es un farol pero su mano (gracias a Dios) no es tan buena como para ver una apuesta tan alta… si al h de p (tú n_n) le ha salido una manaza lo cruge.
10.- El pro se tira (el plan ha salido redondo).
11.- Aquí viene el momento “tengo un enemigo en la mesa… el pro” XD… Con cara de “molo cacho y tú, pro de tres al cuarto, aún tienes mucho que aprender” (en realidad lo que ha sucedido es que has tenido una potraca que lo flipas XD) muestras tu mano de risa –que cualquier jugador medio decente hubiese desechado nada más verla- consiguiendo el efecto… “creíais que era “roca” pero os equivocabais… soy un poquito random XD”. Y tachaaaaan farolaaaaaaaco de película n_n

Ahora ya no eres tan “roca” y es probable que te vean manos que antes no y, además, has ganado una bonita suma jorobando al pro XD n_n

Volviendo al torneo de Las Vegas…
… Empecé, como no, en modo “roca” (suelo empezar así… más que na pq no me sale de otra forma XD). Como mi inglés es malísimo apenas hablaba… en mi cabeza me imaginaba como un tipo misterioso, en realidad era el típico turista que se flipa XD jugueteando con las fichas (como el malo asmático de “Casino Royale”… para más INRI soy asmático XD) y dejando que mano a mano mi rol quedase más y más claro.

Gané un par de apuestas pequeñitas y vi que había llegado el momento del farolaaaaaco de película. El pro elegido era un tipo delgado de cuarenta y muchos que jugaba muy sólido. Todo el plan salió redondo… todo menos el final T-T cuando yo metí la resubida de aquí te quiero ver, el pro se tomó su tiempo… dudó… y con cierto recelo dijo “call”… y sí, perdí como un tarado XD me quedé corto de fichas y de “roca” pase a “granito” XD

Peeeeero aún podía recuperarme n_n
Poquito a poquito gané fichas e iban cayendo otros jugadores. Como en mi mesa quedaban espacios en blanco se unieron tres jugadores de otra mesa, uno de ellos era el clásico jugador “sé jugar y vengo a torneos para sacar dinerito”… tenía muchas fichas, era líder.
Yo tuve suerte y gané una mano decente (tenía poco más o menos la mitad de fichas que el líder)… pocas manos después él subió, lo vi… metió all in y lo vi uhhhh podía terminar ahí mi torneito. El mostró su mano y llevaba K K… yo Q Q joooo iba por detrás T-T Sin embargo en el flop (cuando giran las tres primeras cartas de la mesa) salió una Q y finalmente gané n_n El tio… como sabía que era muuucho mejor jugador que yo se picó un poco (un poco mucho XD). Y eso fue mi salvación (como no, de pura potra XD).
En la mano siguiente el pro metió All in nuevamente… yo sabía (intuía) que tenía buena mano peeeero mi mano estaba muy bien (As Q) y si lo finiquitaba pasaba milagrosamente a ser líder O_o así que lo vi. Flipé… él mostró As K, de nuevo por encima y pisando mi As T-T peeeeero ese día tenía la potra de cara, en el river (la última carta que se muestra) salió mi Q y gané n_n estaba súper feliz y él mega cabreado (algo que nunca llego a entender… al final, es un juego de azar O_o y sí, si juegas bien tienes más posibilidades de ganar pero la suerte es la suerte).

Sea como sea me puse líder y eso duró un buen rato (dinero llama a dinero y con fichas hasta un “roca” como yo sabe ser “agresivo” ;D). Tras siete horas de juego quedábamos cuatro, ya no era líder… aunque no iba corto de fichas n_n Se palpaba la tensión. Era genial n_n Finalmente cayó el cuarto y agotados (y hambrientos) pactamos repartir los tres últimos premios y ser los tres ganadores n_n ¡Había ganado un torneo de póker en las Vegas! Estaba pletórico n_n no podía creérmelo n_n

Ese día comí a las siete de la tarde y cene a las nueve y media… pero eso… eso es otra historia n_n

P.S.: El torneo era pequeño (no llegaban a los cien participantes) y baratito así que tampoco gané una fortuna… pero para mí lo era (soy el eterno estudiante XD) y lo que me hizo más ilusión era haber ganado un torneo en Las Vegas.

P.S. (2): Mañana, si todo va bien, participo en un torneo satélite para clasificarse en un torneo que se jugará el sábado n_n ya os contaré que tal me ha ido n_n

jueves, 12 de enero de 2012

El rol... siempre el rol

Me gusta estar de vuelta n_n

En mi primer post en el Aposento del friki hice referencia al blanco… la hoja en blanco que tanto significado tenía en ese momento para mí. Una hoja y un mundo que alguien me mostró. Un significado que a día de hoy no ha cambiado en absoluto. Lleno de amor y cariño, de amistad y caricias. Un blanco que hoy tiene ese valor y uno nuevo… un significado que nació por los espacios en blanco que se susurraban al oído. Lleno de amor y cariño, de amistad y caricias. Dos blancos a fin de cuentas, dos amores eternos.

Me ha costado mucho decidir sobre que versaría mi primera entrada (primera después de desaparecer a lo Bilbo Bolsón en su fiesta de cumpleaños ^^). Obviamente tenía que ser de contenido friki, por aquello de no perder el Norte, así que finalmente me he decidido por un post rolero.
Aquellos que me leías ya sabréis que soy un jugador de rol empedernido… los que no, ya lo sabéis ;) Y que mi predilección es dirigir aventuras de terror e investigación.
Peeeeeero ¿Qué sucedía últimamente? Que era muuuy complicado poder reunir un grupo de jugadores en el que me sintiese cómodo (soy muy exigente al escogerlos), y esa dificultad no venía dada por la falta de ganas de jugar, sino por las obligaciones que la edad comporta (hijos, trabajo, distancias etc.). Tras meditar sobre ello detenidamente, recordé una aventura que dirigí por Internet… ¿Cuál fue el problema? Que el rol por foro a veces es lento e impersonal… se puede lograr, pero es duro durísimo. Sin embargo, existe un medio que podía facilitar partidas largas e incluso campañas sin el engorro de reunir a los jugadores físicamente y sin la dificultad inherente de los foros… y ese medio era... (redoble de tambor)… el Whatsapp.
Todos los jugadores tenían la aplicación en el móvil y no costó nada convencerlos para comenzar una campaña del Rastro de Cthulhu.

Así comenzaba la aventura...

Creé dos grupos. El primero bajo el título “El rastro de Cthulhu” (sí, muy original XD), en el que los jugadores podían hablar libremente, bromear, preparar estrategias y cualquier ocurrencia que tuviesen (en este se podían utilizar emoticones y ser tan flexible como ellos quisieran). La idea era simular el ambiente que se vive alrededor de la mesa en la que se sientan los jugadores y el master para disfrutar de la partida.

...mis investigadores siempre conocen gente nueva

El segundo, mucho más estricto, iría cambiando de nombre con cada nuevo capítulo de la campaña. Por cierto, la campaña es la legendaria “Horror en el Orient Express” n_n Como iba diciendo, en este segundo grupo sólo se podía rolear (es decir, acciones o diálogo llevado a cabo por los Investigadores y resoluciones del DJ), y las formas eran rigurosamente cuidadas para mantener la seriedad que debe tener una aventura de terror/investigación. Con formas me refiero a nada de emoticones, ni bromas fuera de juego, o comportamientos impropios de un investigador de 1920 que se esta jugando la vida. Para asegurarme de ello, instauré una norma (sencilla y dictatorial XD) que consistía en amonestar al jugador que incumpliese la misma. Tres amonestaciones significan la expulsión del grupo y el fin de la partida para ese jugador (sí, soy un master duro… de aquellos que no duda en matar a un pj si así debe ser ;P).

gente original y sin complejos

Con todo a punto, y ansiosos como niños con miniaturas nuevas que pintar, comenzó la campaña n_n y por el momento, tras varios meses de juego, es un completo éxito ^^
Eso si, cuando alguien se despista un poco se puede encontrar 300 o 400 whats esperando ser leídos XD

...y que sería del rol sin pistas ^^

P.S.: Ya iré ampliando información sobre la campaña… que me gustará explicar las paranoias que pueden surgir mirando la pantalla de un móvil n_n
Pronto colgaré el inicio de un nuevo relato –la idea es fantasía medieval sangrienta y llena de sexo O_o… sí, me apetece un poco de diversión ^^- (“Ahogada en sangre” aún tardará, necesito alejarme un poco para sentirme cómodo retomando sus líneas).

Os echaba de menos, mucho ^^

lunes, 9 de enero de 2012

Las puertas están abiertas

Muchas noches habían pasado desde la última vez que se abrieron las puertas del aposento. Naoj había estado vagando por el mundo en busca de nuevas historias que contar y frikadas que realizar. En su andadura se topó con villanos, duendes y hasta un trocito de felicidad que adquirió la forma de una hermosa mujer para poderlo abrazar.
Deambuló por el Viejo Continente y sobrevoló los desiertos del Nuevo Mundo. Tomó decisiones complicadas… a veces acertadas y otras equivocadas.
Naoj decidió que era el momento de volver…
…las puertas del aposento volvían a estar abiertas.

lunes, 14 de febrero de 2011

El jardín de Hasgrut

Supongo que he vuelto a desaparecer, he tenido mis motivos. Y aunque me hubiese gustado tener el resumen de personajes del relato o un nuevo capítulo, no tengo nada… sorry.
En el post anterior comenté acerca de Arkham Horror (un juego de mesa inspirado en los relatos de Lovecraft), ya he podido jugar con un amigo n_n El juego merece la pena. Es muu divertido y mantiene bien la tensión con un nivel de dificultad muu acertado. Tanto es así que volvimos a perder XDDD pero la próxima vez tenemos un plan ò_ó
Y como he adelantado (respondiendo algunos de los comentarios de la entrada pasada) aprovecharé este post para colgar un cuento que escribí ya hace un tiempo. Un cuento que recuperé hace poco y tiene un significado especial para mí. Espero que os guste n_n

El jardín de Hasgrut

“Por mí se va tras la perdida gente”
Canto III La Divina Comedia

Como ya era costumbre, la anciana mujer que no era ni su abuela ni su sirvienta le había preparado el desayuno. Dos tostadas de pan de centeno con mantequilla y mermelada de fresas, un vaso de leche con miel y aroma de romero y un zumo de mandarinas bien frío.
Hasgrut se sentó en su confortable silla, enfrente de la mesita, y sonrió al ver la delicada disposición del desayuno. En un plato de cerámica las tostadas, a su lado los dos vasos y junto a éstos una flor en un jarrón de porcelana. Un gladiolo de color violeta.
La anciana siempre le preparaba el desayuno. Siempre a su gusto, siempre acompañado de una flor. Por el color, por el olor y por su amor, decía.
Hasgrut comió y bebió mientras miraba el patio por la ventana del pequeño comedor. Hacía un bonito día, de cielo claro y agradable temperatura. Los árboles, hierbas y flores eran primavera y un par de petirrojos se perseguían enamorados.
En la sombra del viejo peral, de flores blancas, había una joven. Leía un libro grande de numismática. Tal vez se había perdido. Casi seguro, y cansada de caminar sin rumbo, se había recostado a leer sobre monedas.
Hasgrut se terminó la última tostada y salió al jardín.
La joven lo miró curiosa. Era asombroso, por lo menos media tres metros y su cuerpo, musculoso, estaba cubierto por tatuajes arcanos. Tenía las piernas de una bestia, peludas, y las manos eran poderosas garras. Lucía dos cuernos enormes en la cabeza y melena cobriza como todo el bello de su cuerpo. También tenía una cola que no paraba de moverse. Y sus ojos eran el mar.
Hasgrut la miró curioso. Era preciosa, una joven de ojos celestes, otoñales e infinitos. De labios deliciosos y piel tostada. Era bajita, bueno, en realidad tenía una estatura muy decente para ser humana. Y su pelo, su pelo era la tormenta.
Se acercó con el paso firme, con porte de príncipe.
-Buenos días. Mi nombre es Hasgrut. Puedo conocer el suyo.
-Claro –Sonrió-, me llamo Irinea. Pero puedes llamarme Iri.
-Encantado Iri. No pretendo ser indiscreto, pero... ¿Se ha perdido?
-No –Dijo sin dejar de sonreír, y añadió socarrona-. No pretendo ser indiscreta, pero... sabe que va desnudo y se lo estoy viendo todo.
Hasgrut dudó, claro que sabía que iba desnudo.
-Sí, lo sé –alcanzó a responder.
Irinea cerró el libro de numismática.
-Si no se ha perdido, le puedo preguntar qué hace en mi jardín.
-Eres muy educado –rió sorprendida-. Sólo leía. Estaba caminando por este bosque y me pareció un buen lugar para sentarme. ¿Y tú?
-La admiro.
-¿Y qué ves? –le inquirió feliz.
-A una joven –Dijo arqueando la ceja izquierda.
Irinea podía oler a Hasgrut. Una mezcla entre sabanas limpias y la suave brisa de un amanecer de invierno.
-¿Quieres sentarte a mi lado?
-Sí.
Recostó su espalda en el tronco y giró la cabeza para seguir mirándola.
Sus cuernos, curvos y dorados, tenían gravados de extrañas letras. Ella se le acercó y apoyó la cabeza en su brazo. Olía tan bien.
-¿Qué significan? –le preguntó a la vez que cerraba los ojos y se concentraba en su olor.
-Son nombres.
-¿De quién?
-De personas.
-Y las palabras de tus tatuajes, ¿también son nombres?
-No. Son un poema.
-Y qué dice.
-No lo sé. Quién me lo tatuó, lo hizo en un idioma que no entiendo.
-¿Y qué idioma es ese?
-El de los ángeles.
-¿Conoces a un ángel?
-A una ángel.
-¿Era hermosa?
-Lo es.
-¿Te quiere?
-Me ama.
-¿Y tú?
-También.
-Cuéntame más...
-Qué desea saber.
-No sé –se quejó-. Cómo os conocisteis, cómo es, en qué lugar se enamoró de ti...-canturreó.
Hasgrut frunció el cejo y la miró sonriendo, pero Irinea no lo vio. Seguía con los ojos cerrados, abrazada a su brazo.
-Ella tenía un mensaje. Eran buenas noticias y le gustó mi sonrisa. De ella me gustó todo.
-¿Todo? ¿Me la describes?
-Huele como los ángeles –bromeó.
-Noooo –se quejó de nuevo-. En serio.
-Sus alas son caricias. Y sus ojos siempre miran con picardía. Me gustan sus besos y su forma de mover las caderas al bailar, tiene las piernas muy largas. Le gustan mis mimos y a mi hacérselos.
-¿Pero? No lo entiendo. Qué haces perdiendo el tiempo conmigo en lugar de estar con ella.
Hasgrut ladeó la cabeza.
-¿No sabe donde está Iri?
-Claro, estoy en el bosque.
-Bueno, si me permite, tendré que matizar su opinión. Éste es mi jardín, no su bosque, y representa una pequeña parcela en el Infierno, donde seguro ha llegado tras el óbito.
-¿Estoy muerta? –Preguntó con cierta incredulidad.
-Me temo que es una certeza.
-¿Y he ido al Infierno?
-Me temo que es otra verdad.
-Y... ¿qué me espera?
-No sé que responder, aunque no tiene que temer nada. Si le apetece, puede entrar y le presento a su abuela.

    

jueves, 3 de febrero de 2011

Un micro, una ilustración y un juego

Hace ya unos meses escribí un micro para un proyecto llamado “Escríbeme una Ilustración”, en el que la ilustradora Clara Varela facilita preciosas ilustraciones para que inspiren microrrelatos. Este fue el resultado n_n

  
No merece la pena
 
Raquel llevaba dos botellas enormes de agua salada para el acuario del pez león. Acarreaba los veinte kilos de mar en un carrito de ruedas pequeñas y negras. Fue durante su viaje a Australia cuando se aficionó al submarinismo. Y al regresar, pensó que podría tener un pedacito de océano en el salón de su hogar, junto al televisor.
Los acuarios de agua salada conllevan cierto sacrificio: el tiempo. Pero merecía la pena.
También había pasado por la panadería de Chema, que le caía un poco lejos de casa, para comprar una baguette recién horneada. Fue durante su viaje a París cuando se aficionó al buen pan. Y al regresar, pensó que podría encontrar una buena panadería de estilo francés.
Caminar hasta la panadería de Chema conllevaba cierto sacrificio: el tiempo. Pero merecía la pena.
Además de las dos botellas de agua salada y la barra de pan, Raquel había sacado a pasear a su perrito Copo de Nieve. Fue durante su viaje a Canadá cuando se aficionó a caminar en lugar de coger el transporte público. Y al regresar, pensó que podría seguir con su afición si se compraba un perrito al que sacar a pasear tres veces al día.
Los perritos de color blanco conllevan cierto sacrificio: el tiempo. Pero merecía la pena.
Quizás, empero, acarrear las dos botellas de diez litros cada una sería más sencillo con un coche pequeñito, fácil de aparcar. Pero aprender a conducir conlleva cierto sacrificio: el tiempo. Y eso, no le merecía la pena.
 
Enlaces del proyecto: Escríbeme una Ilustración; Miss Celánea y ClaraVarela.com n_n
Y en otro orden de cosas, hace dos findes iba a jugar un torneo de una liguilla de MTG de extendido. Como vendí todas mis cartas para pagar el viaje a las Vegas me prestaba el mazo un amigo. El problema fue que se equivocó y en lugar de dejarme el que utilizaría en el torneo me dejó el suyo (a medio construir y lleno de proxys XDDD) por lo que no pude jugar. Pero como estaba en una buena tienda friki busqué en que gastar algo de dinero n_n El resultado: me compré Arkham Horror, un juego de mesa inspirado en los mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft n_n

  
El juego es una pasada y muu muu friki. Una muestra: permite partidas de un solo jugador XDDD sí, tal cual, despliegas el tablero y a jugar contra el mismo. Claro, como habréis imaginado jugué una partida conmigo mismo XDDD y lo más triste: perdí O_o (-10 en Cordura XDDD).
Al finde siguiente tenía pensado jugar con un amigo (suficientemente friki para ayudarme a entender las reglas y testear el juego) pero al final ni él ni yo pudimos quedar T-T (me surgió una cena en casa de unos amigos en la que terminamos jugando al mus… no sé que final de noche hubiese sido más friki XDDD).
Cuando juegue la partida con más de un jugador os cuento que tal ha ido (espero que uniendo fuerzas gane al tablero XDDD).

   

jueves, 27 de enero de 2011

Un friki muu feliz n_n

Después de “he vuelto”, llega: “he desaparecido en combate” XDDD pero como un buen friki nunca muere, sólo se prepara una nueva ficha de Pj… he regresado con fuerzas renovadas. Y es que últimamente estoy muu ocupado (para muestra la hora en que publico esta entrada... 3:40 de la madrugada XDDD). De todos modos, miraré de no tener tan abandonado el aposento como este último mes… os echo de menos *-*
A lo que íbamos: Lo primero (carita mega-feliz n_n), tita Hellen me ha premiado el blog ^^ pq es súper buena, bonita y un solete. El premio:
 
  
Y como corresponde, cumplo con las reglas ;)
Las normas de este premio son:
1. Elegir 5 blogs que consideres merecedores de este premio por su creatividad, diseño, material y aporte a la comunidad bloguera, sin importar su idioma.
2. Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autora y el enlace a su blog para que todos lo visiten.
3. Cada premiada debe exhibir el premio y colocar el nombre y el enlace del blog de la persona que la ha premiado.
4. Premiado y premiadora deben exhibir el enlace de Arte y Pico para que todos conozcan su origen.
5. Exhibir estas reglas.

Esto es:
Mis blogs premiados (me gustaría premiar al de tita Hellen, pero imagino que eso conllevaría un círculo vicioso de consecuencias catastróficas que terminarían en la implosión de Internet o el mundo XDDD):
1: El escondrijo del goblin: ¿Qué puedo decir? me encanta Goblinoide y su blog n_n Un abrachucho ^^
2: Humberto Dib: Es un placer leer sus escritos y aprender de él.
3: Otto comic: Por su arte y sentido del humor n_n
4: Félix MMV Art: Es el Maestro de las Luces ;)
5: No me vengas con historias: Acuática escribe belleza.
Y me gustaría premiar a muchos más… Symmetry, Pitowilson, Lunnaris, Nana y seguro que me olvido de gente ;p

A otra cosa, que hace mucho que no publico n_n
Tenía ganas de enseñar un regalo de los Reyes… yaaaaaa, si espero un poco más lo muestro en Semana Santa XDDD pero ya he dicho que ando ocupado ;)
El regalo en cuestión es una máquina de escribir antigua que me ha encantado y adoro *-*
   
   
Y para terminar, cositas sobre las que quiero postear y aún no he tenido ocasión (aunque todo llegará ^^): Un glosario de los personajes del relato; Un nuevo capítulo (esto tardará un poquito más de lo normal… sooooorry T-T); Un post sobre una partida de rol; Los avances en una partida de rol-realidad que estamos preparando para final de año; Un post de Inocencia; El busto pintado de Inocencia (regalito de Goblinoide ^^); nuevas incorporaciones en mi equipo de Blood Bowl T.A.Z.E.; Nuevas entradas de viajes y muchas más cosas que no tengo tiempo de postear T_T joooooo quiero disponer de más horas…
  
   

viernes, 7 de enero de 2011

He vuelto n_n y relato

Por fin he vuelto n_n Después de unas fiestas desconectado casi por completo pq mi ordenador había muerto, regreso con fuerzas renovadas. Os echaba de menos n_n
Y como lo prometido es deuda (aunque sea con retraso XDDD) un nuevo capítulo, nooooo DOS nuevos capítulos (no tenía ordenador pero sí papel y bolígrafo ;D)... así que preperaos para el post más descomunalmente largo de la historia del aposento friki XDDD Podéis leerlo a trocitos ;D pero comentad que me hará ilusión. Y pronto nuevas entradas que tengo mucho a contar n_n
Como no podía ser de otro modo:
1) Esto sigue de esto.
2) El clásico… En capítulos anteriores: Una vampiresa (Princesa Nadezhda) se zampa a una joven ucraniana. Muy lejos, en New York, un gigoló/pintor (Simón) es “traicionado” por una “amiga” y decide que, importándole un huevo lo que le digan, acudirá a una fiesta a la que no ha sido invitado. Al día siguiente, Lara acude en el lugar de su amiga Sam a la buhardilla del pintor/gigoló para posar (si es que… n_n). Total, que chico conoce chica.
Llega la noche del veintiuno. Nos presentan a un nuevo y misterioso personaje, el sr. Thomas Fulton. El enigmático anciano se carga a un profe en Roma y habla de un cuadro. En la fiesta de navidad del veintiuno, Evelyn descubre al pintor entre la peña… se cabrea y va en su búsqueda.
Mini discusión atajada por el sr. Fulton. El anciano sorprende al pintor al decir: “Pinta paisajes nevados de lugares que nunca ha visitado… y siente añoranza.
>>¿Nunca se ha preguntado el porqué?”
Thomas Fulton y Simón regresan a la buhardilla donde el pintor conocerá al Maestro Nigromante Muhtadi. Comienza el viaje n_n
Lara, que no ha dejado de pensar en el pintor, encuentra la buhardilla vacía y el lienzo con su alma dibujada.
Continua la trama n_n
3) Espero que os guste n_n
 
“Cuentos”

Le acarició el cabello despacito, con amor.
-Vamos duérmete –susurró.
-Cuéntame un cuento mamá.
-Es tarde… duérmete.
-Sólo uno –insistió con la voz que utilizaba para mendigar caramelos a su abuelo.
-Uno… y cortito.
Lara dibujó una sonrisa preciosa al tiempo que se abrazaba al señor Legs preparándose para sucumbir al sueño.
-Había una vez –comenzó su madre- una ranita en la orilla de un río cuando se le acercó un escorpión.
>>-Hola ranita –le dijo el escorpión-. ¿Puedes ayudarme a cruzar el río?
>> ¿Cómo? –dudó la ranita que era muy desconfiada.
>>-En tu espalda… yo no sé nadar.
>>-Ni lo sueñes. Si te dejo subir a mi espalda me picarás con tu aguijón y el veneno que corre por tus venas me matará.
>>-No puedes hablar en serio –protestó el escorpión-. De hacer eso me hundiría contigo y como no sé nadar también moriría.
>>La ranita pensó y pensó.
>>-Está bien escorpión. Súbete a mi espalda y yo te llevaré hasta la otra orilla.
>>Ambos comenzaron a cruzar el río, y cuando se encontraban a medio camino el escorpión picó a la ranita con su aguijón venenoso. Medio ahogada y viendo que el escorpión también se hundía sacó las fuerzas suficientes para preguntarle: ¿Por qué escorpión? ¿Por qué?
>>-Es mi naturaleza ranita. No puedo luchar contra eso.
>>Y así, ranita y escorpión…
…duerme mi vida. Duerme.

Escondió el lienzo detrás del armario de su cuarto sin decirle nada a Sam. No quería que nadie la viese como él la había visto.
Más allá de las formas de su cuerpo, e incluso de la lascivia con que miró al pintor mientras la esbozaba, esas pinceladas desnudaban su alma. Como si quisiese hablarle a través de la pintura y ruborizarla con cada trazo.
Por la noche, desde hacía dos meses, miraba el lienzo y pensaba en como hubiese sido conocer al pintor. Recordaba la tarde en el café e imaginaba conversaciones que no se produjeron, y cuando se tumbaba en la cama y cerraba los ojos se sentía frágil y estúpida por no dejar de pensar en su recuerdo.
-¿Seguro que no quieres venir? –preguntó Sam al otro lado de la puerta.
-Seguro. Tengo mucho que estudiar –mintió.
-Pero… es sábado.
-Vete. No voy a salir.
Esperó a escuchar el quejido del ascensor antes de soltar la biografía de Modigliani y quitarse la sudadera de la NYU que había comprado en su primer año de universidad. Quizás se engañaba al mantener vivo ese recuerdo romántico. El de un hombre que sólo había visto una vez. El bohemio que sonreía cuando ella hablaba y la besaba en la mejilla al despedirse. Pero necesitaba esa esperanza.
Se tumbó en la cama, estiró el brazo derecho por detrás de la cabeza y con la punta del dedo índice alcanzó el interruptor de la luz para quedarse a oscuras.
Cerró los ojos e imaginó a Simón trabajando en su lienzo. Ruborizándose cuando le devolvía la mirada al dibujar su rostro. Volviéndose a excitar al recordar los ojos del pintor recorriendo su espalda hasta detenerse en su culo.
Empezó a acariciarse los pechos por encima del pijama mientras soñaba con sus manos. A desnudarse al sentirse febril, a masturbarse al imaginarlo entre sus piernas. Abrazado a sus muslos y besando su vientre.
Ella estaba ahora de pie en un dormitorio de paredes ocres. Iluminada por una luna vergonzosa y velas que olían a miel. Soñaba cuentos húmedos, tórridos y lascivos.
El pintor se arrodillaba entonces dibujando el contorno de sus caderas con las manos. Su mirada era inequívocamente apasionada. Ella le acariciaba el cabello, negro como el miedo y sedoso como el deseo. Y él la besaba de nuevo, justo debajo del ombligo. Un beso sostenido y caliente.
-Eres preciosa –le decía. Y volvía a besarla unos centímetros más abajo.
Lara retuvo la respiración uniendo el sueño a la realidad.
-Eres preciosa –repitió.
Y la besó nuevamente. Ahora en los labios, húmedos y ardientes. Ella exhaló vaciándose de cualquier temor y separó aún más las piernas.
-Eres preciosa.
Hubo otro beso. Mucho más largo, mucho más húmedo.
Lara le apretaba la cabeza contra su sexo mientras jadeaba con silencioso placer. Moviendo las caderas, apretando los muslos, sintiendo la legua del pintor que seguía sin separarse de sus labios cada vez más calientes, dilatados y sabrosos.
La devoraba mientras se deshacía en su boca, bebiéndosela.
Gimió con fuerza al imaginárselo sobre ella. Poseyéndose como amantes. Sudorosos, jadeantes y excitados. Apretándose. Arrancándose gritos, mordiscos y arañazos. Caricias, besos y sollozos. Miradas, olores y saliva. Más besos, apasionados, furiosos y sinceros. Suaves y violentos. Agarrados hasta enrojecer, hasta no poder, hasta perder el aliento y el grito. Silenciado, robado. Explotando mojados.
Él sobre ella, aún abrazados… siempre soñando.
Oliéndose, sintiéndose. Notando el corazón todavía acelerado. Acariciándose hasta que el sueño llegó a su fin y sólo quedó la cruda verdad.
Abrió los ojos. Empapada en sudor, jadeando agitadamente, con los dedos de su mano derecha todavía en su sexo mojado y la izquierda sobre su pecho.
Se hizo un ovillo y se tapó con el edredón sintiendo al pintor abrazándola por detrás. Su respiración aún era entrecortada y su mente no reaccionaba con claridad. Hubiese jurado que notaba el calor de otro cuerpo a su lado e incluso el latido de su corazón. Y de pronto, esa presencia abandonó la cama. Se giró asustada, sin tiempo a racionalizar su miedo. E intentando ver en la oscuridad palpó el interruptor y encendió la luz.
Pero evidentemente seguía estando a solas con sus deseos.
Durante los meses que siguieron a esa noche Lara volvió a sentir esa presencia en muchas ocasiones. Y aunque fuese una locura no podía apartarlo de su mente.

Dos meses antes…
El jet privado tocó suelo español y aunque el pintor sabía que aquella ya no era la noche del veintiuno se le parecía demasiado. No había nevado de ese modo en la ciudad condal desde el invierno del 62. “La nevada más grande que ha caído en Barcelona desde hace casi un siglo” publicó La Vanguardia en la tirada del 27 de diciembre de aquel año.
Durante el viaje Simón pensó en lo sucedido en el Ritz-Carlton de Battery Park y en la buhardilla, llegando a la horrible conclusión que ya no controlaba su vida. No dudaba ni de la determinación del anciano para complacer a su mandante, ni del oscuro poder de Muhtadi, que durante todo el viaje se había mantenido ocupado leyendo un grimorio de extraña encuadernación.
Antes de detenerse el avión por completo el nigromante se despidió de Simón con la parquedad que lo caracterizaba asegurando que se volverían a ver. El modo en que lo dijo y su mirada hierática hizo temer al pintor que su destino hubiese quedado sellado en el mismo momento en que Thomas Fulton se presentó.
Al bajar del jet, Simón vio como un hombre de semblante cadavérico y traje negro abría la puerta trasera de un flamante Rolls-Royce al maestro Muhtadi, que subió sin perder el menor tiempo mientras el chófer de un Bentley, estacionado a pocos metros de la pista, se acercaba para coger el maletín del Sr. Fulton.
El trayecto que separaba el aeropuerto del helipuerto fue breve e incómodo. Nadie los recibiría, ni nadie les impediría pasar. Los dos caminaron a solas hasta un helicóptero negro de impresionantes dimensiones.
-El castillo de la princesa Nadezhda aún queda lejos –sentenció el Sr. Fulton.
-¿Y el piloto?
-Está hablando con él.
A medida que se alejaban de las grandes ciudades, y la distancia que separaba un centro urbano de otro crecía, el helicóptero se adentraba más en un mar de negrura hasta que sólo quedó oscuridad. Simón pensó que en otras circunstancias una noche como aquella, sin luna ni estrellas, le hubiese parecido agradable, tranquila. Pero no era el caso.
-¿Dónde estamos? –preguntó sin apartar la mirada de una luz surgida en medio de la nada.
-En el pirineo catalán. Y esa luz es su nuevo hogar.
Tomaron suelo en medio de un patio cubierto por un manto de nieve virgen. A su alrededor las murallas del castillo se alzaban intimidantes. De los ventanales de la torre del homenaje escapaba una luz cálida y anaranjada mientras el resto de ventanales permanecían cerrados. Caminaron en silencio hasta un portón negro con dos aldabas circulares de metal.
-Ahora debo despedirme –dijo el Sr. Fulton-. En esta parte del castillo muy pocos entran, y aún menos salen.
Simón empujó el portón con mayor facilidad de la que cabría preveer. Un fuerte olor a aceites perfumados e inciensos sorprendió el olfato del pintor, poco acostumbrado a tan empalagosos aromas. Lo cerró dando gracias por haberse equivocado al imaginar un lugar frío y avanzó hacia una luz cálida proveniente de una puerta situada al fundo de una sala diáfana carente de iluminación.
El ama esperaba junto a la lumbre de la chimenea. Dos candelabros de quince brazos iluminaban la majestuosa estancia presidida por una mesa de madera rojiza decorada con taracea de nácar y rodeada por trece sillas de respaldo alto. La tenue luz sólo permitía intuir los marcos barrocos de los cuadros que colgaban en las paredes y las grandes estanterías repletas de libros y objetos irreconocibles.
-Mi señor –dijo el ama con una leve reverencia a modo de saludo-. Mi nombre es Valeriya Kuznetsova. Si lo desea puede llamarme Lera.
>>Mi señora todavía descansa. Es su voluntad que usted se sienta en casa, pues este castillo y todo cuanto contiene le pertenece.

Nueva York, unos meses más tarde…
La puerta siempre estaba entreabierta y el timbre no funcionaba. Así de simple.
Nadie pagaba las facturas por lo que no había ni luz ni agua. Las ventanas no tenían cortinas. Si era de día, el piso quedaba bien iluminado. Si era de noche, la luna hacía bailar las sombras.
Empujó la puerta alertándola con el chirrido de las bisagras. Sin embargo, ella no saldría a recibirlo. No sin saber si era el cartero, un mormón, o un niño vendiendo lotería de Navidad.
Solía esconderse detrás de la puerta del dormitorio esperando la entrada de cualquier desconocido.
-¿Rachel? –dijo con voz queda- Soy Lenard.
Pasó por delante del dormitorio sin mirar, deseando que la puerta permaneciese tal y como estaba. Luego cruzó el salón y entró en el lavabo.
La ropa de Westerna estaba en una silla, junto a la bañera. No lo miró, sólo cogió la americana dándole la espalda. Buscando desesperadamente el móvil en los bolsillos, pero no estaba. Empezó a buscar por el suelo con igual fortuna.
Sin quererlo se obligó a mirar en la bañera, apartando el cadáver del abogado. Desnudo y desangrado. Frío, rígido y limpio.
Escuchó un chasquido de desaprobación. Alzó la mirada y la vio en la puerta del cuarto de baño. Con sus ciegos ojos clavados en él.
No medía más de un metro y medio. Su escasa melena, larga hasta los hombros, tenía un color incierto. Mezcla de mugre y sudor. Los ojos, lechosos y ciegos, se movían erráticamente en las hundidas cuencas oculares y la boca, sin apenas dientes y mezquina, emitía un sonido que tenía algo de acuoso.
En su huesuda mano asía el móvil.
-Rachel –musitó el acólito-, necesito que me des ese teléfono.
La vieja se limitó a lanzar al suelo su precio: un chupete.
Lenard no se opuso. Si la razón tuviese cabida en el mundo actual sería preferible un bebé. No la temería, no sentiría miedo… apenas sufriría. Y el valor de una vida, tan depreciada, era igual al de otra.
En la calle el sol brillaba con impertinente indiferencia. Por fin tenía el móvil del Sr. Westerna.
Tomó asiento en un bar, no muy lejos de la playa, y pidió un vaso de leche caliente para entrar en calor.
Tenía miedo de mirar la lista de contactos y no encontrarlo. Que todo hubiese sido una mentira y que su nueva vida llegase a su fin. Pero no fue así. Aquel triste personaje, que ahora decoraba el cuarto de baño de Rachel, lo conocía. Es más, tenía su número de teléfono.
Cogió su propio móvil y marcó los números. Lo repasó, dos veces, y pulsó el botón de llamada.
-Diga.
Era la voz de una mujer.
-¿El Tercero?
-Sí, soy yo. ¿Con quién hablo?
-Me llamo Lenard.
-¿Quién le ha dado este número?
-Supongo que debería contestar que el Sr. Westerna.
-Explíquese.
-El Sr. Westerna ha muerto.
-¿Lo ha matado usted?
-No.
Se produjo un breve silencio.
-Imagino que quiere contratarme –dijo la voz del Tercero.
-Sí.
-¿Conoce mis honorarios?
-No.
Un segundo silencio.
-Mañana. A las dos de la madrugada en el club Alighieri.
Lenard no conocía ningún club, pero sabía de alguien que los conocía todos.
Noah era una anciana adorable que agasajaba a las visitas con las buenas maneras de quién ha disfrutado de la época victoriana. En su ático de la Quinta Avenida se celebraban las fiestas más exclusivas de la ciudad. Siendo habitual en sus veladas la presencia de políticos, famosos del papel cuché y demás fauna nocturna.
Lo cierto es que Lenard, en condiciones normales, no hubiese podido conocer a alguien como ella. Pero por aquel entonces ya eran buenos amigos y confidentes.
La señorita Noah, así es como solían llamarla pues nunca contrajo matrimonio, contaba 243 primaveras. Pero de naturaleza coqueta, siempre lucía a la última aconsejada por los mejores estilistas de Nueva York.
Cuando la llamó ella insistió en compartir una agradable cena en su terraza. Hubiese sido una grosería imperdonable negarse. Más aún cuando sabía que su vida dependía de su buena voluntad.
Mientras esperaba a Noah en el salón se entretuvo hojeando un libro manuscrito que había encontrado sobre el sofá. First Impressions.
-Tenía una letra preciosa –afirmó la ronroneante voz de Noah, que había entrado sin hacer el menor ruido.
-¿La conociste?
-¿A Jane? Claro. Éramos íntimas.
Noah era una mujer pequeña, de ojos brillantes y piel nacarada. Llevaba el pelo recogido, dejando que un tirabuzón rebelde cayese por encima de su ojo izquierdo. Su cabello, demasiado abundante y vigoroso para alguien de su edad, era rubio y brillante. Vestía sencilla, una blusa de seda natural que se abrochaba hasta el cuello y una falda por debajo de las rodillas. Por supuesto, se alzaba sobre unos impresionantes tacones de aguja.
-Eres tan condescendiente, mi querido Lenard.
>>Vayamos a la terraza.
Le ofreció el brazo y ella aceptó sonriendo.
-Y dime Lenard, ¿Qué se te ha perdido por el club Alighieri?
-Allí me ha citado el Tercero –su voz sonó triunfante.
-Así que el abogado lo conocía… quién lo hubiese dicho.
>> ¿Te costó mucho convencerlo?
-¿Al abogado?
-Sí.
-Cuando le cogí el móvil estaba muerto.
Una sonrisita delató la naturaleza de la anciana.
En el balcón habían dispuesto una mesa para dos.
-Sentémonos –dijo Noah-, y cuéntame eso.
-No hay mucho que contar. Todo te lo debo a ti.
-Yo sólo te dije lo que me habían dicho.
-Lo sé. Pero cuando me lo señalaste el viernes pasado, durante la fiesta, pensé que no debía desaprovechar la oportunidad.
>>No sabía como abordar el tema. Así que me acerqué dubitativo. Y antes de poder hablar con él escuché lo que estaba discutiendo con Teobaldo. Por lo visto, el abogado no era consciente del particular sentido del humor de Teo, ni de quién era su madre.
-No me digas más…
-Exacto. Teobaldo le aseguró que su progenitora necesitaba el consejo de un letrado por un asunto de alimentos en mal estado. El Sr. Westerna no lo dudó ni un momento y se ofreció a la noble tarea de representar a la susodicha.
-Avaricioso incauto.
-Eso mismo pensé. El caso es que al día siguiente lo seguí hasta el piso de Rachel, y tras un tiempo prudencial subí en busca del teléfono.
-Eres valiente. No todos se atreverían a entrar.
Lenard no quiso ahondar en las consecuencias de su visita, y Noah tampoco preguntó.
El mayordomo, un hombre apuesto de impecables referencias, salió a la terraza con los primeros. Para el joven acólito, una ensalada templada de conejo deshuesado, y para Noah, sangre fresca servida en una taza para consomé.
-De todos modos –siguió la anciana tras limpiarse los labios mediante ligeros toques con la servilleta-, ve con cuidado.
-¿Por?
-El club Alighieri es un lugar poco recomendable… yo soy socia.
Después de cenar hablaron distendidamente en un saloncito en el que una joven de tez pálida interpretaba a Franz Liszt en un Steinway del siglo pasado. A ratos se callaban para escuchar el virtuosismo de la pianista y cuando la melodía era casi un susurro se miraban conversando en silencio. Sobre la una de la madrugada Lenard se despidió de Noah besándole la mano.
El chófer de la vampiresa lo esperaba a la salida del emblemático edificio.
Hablar cara a cara con el Tercero había sido su único cometido en los últimos meses. Y de pronto, su inexorable destino era una realidad para la que no estaba preparado.
El chofer abrió la puerta.
-El club Alighieri –anunció a medio tono.
Con paso firme, pero lleno de dudas, entró en el hall del lujoso edificio. Un recepcionista de edad avanzada y ojos cansados le miró con afectado recelo.
-Buenas noches ¿El club Alighieri?
-El menos seis –contestó-. Coja el ascensor.
Lenard se limitó a asentir con la cabeza.
Cuando pulsó el botón de llamada el recepcionista carraspeó sonoramente. Al girarse lo vio con el teléfono en la mano.
-Perdone señor, ¿Con qué nombre debo anunciarlo?
-Lenard.
En el ascensor el imberbe acólito se miró al espejo. Había envejecido. En poco tiempo le habían salido canas y su piel, seca y sin brillo, delataba la falta de sueño. Sus facciones, angulosas y simétricas, se marcaban aún más por la pérdida de peso, y la cicatriz que se asomaba por el cuello de la camisa, junto con su palidez, le daba un aspecto enfermizo y mortecino.
Al salir del ascensor se encontró en un pasillo espacioso y bien iluminado. Al final del mismo había una puerta de color chocolate y dos hombres trajeados custodiándola. Le pareció caminar de un modo artificioso, como si los nervios le anquilosasen las piernas.
Se fijó en el teléfono que colgaba de la pared. Posiblemente el recepcionista había comprobado que realmente era bienvenido.
-Sr. Lenard –entonó uno de los hombres al tiempo que abría la puerta con una llave de tarjeta-. Diríjase a la chica del mostrador.
Entró en un recibidor cuadrado. En el centro se encontraba el mostrador y una chica muy atractiva de sonrisa apaciguadora. En la pared del fondo contaba cuatro puertas, y otras tres a la derecha e izquierda. Todas cerradas.
-Buenas noches Sr. Lenard. Le están esperando. Entre por esa puerta –señaló la segunda de la pared del fondo.
Al acercarse se abrió automáticamente. Había cruzado el espejo.
Una sala no muy grande, poco iluminada y austera. En el centro una mesa redonda y dos sillas. En una de ellas el Tercero.
-Acérquese. Por favor.
El Tercero era una mujer que no aparentaba más de cuarenta años. Pero intuía que era mucho mayor. El tiempo le daría la razón. Sin ser especialmente bella tenía lo que los franceses denominan charme. Sus ojos eran pequeños y oscuros, igual que su corazón. Su larga melena azabache enmarcaba una carita lánguida y blanca, en la que destacaban unos labios rojos y voluminosos.
-Siéntese Sr. Lenard –musitó-. ¿Sabe a qué me dedico?
-Usted encuentra respuestas… y media entre partes.
-Más o menos.
>>¿Sabe cómo lo consigo?
-No.
-Me informó. Por eso no le preguntaré acerca de Lady Noah o el Sr. Westerna.
>>Sin embargo, no sé para quién trabaja. Ni si puede costear mis honorarios.
>>Explíquemelo.
Lenard sacó una libretita y una estilográfica del bolsillo interior de su americana. La abrió y arrancó una hoja en la que escribió una palabra, dobló el papel y lo deslizó por la mesa hasta el Tercero.
Al leerla, la dama arqueo ligeramente la ceja izquierda y miró fijamente al acólito.
-Entiendo.

“El candor de la nieve”

Pocos conocen la historia de la Dama Negra. Sólo pinceladas. Recuerdos olvidados de siglos pasados…
Hacía tres días que llovía incesantemente anegando caminos y huertos. El sendero, que conducía serpenteante al pueblo, era un barrizal en el que los pies se hundían hasta los tobillos.
-Ya no queda lejos mi Señor. –Dijo el joven que caminaba junto al caballero de Moscova- Yo me quedo aquí... Si me lo permite.
El hombre asintió sin apartar los ojos del camino. Alargó la mano y le dio una moneda.
-Gracias mi Señor; que Dios se lo pague.
El chico regreso por donde habían venido, aligerando el paso y sin mirar atrás.
Empezó a llover con más fuerza mientras en el horizonte los relámpagos anunciaban chubasco. La claridad del crepúsculo vespertino permitía vislumbrar al final del camino la silueta oscura del pueblo de Gorodkaya.
El hombre respondía al nombre de Sergey Semiónov. Su estatura superaba a la de todos los que conocía y su constitución era acorde a ella. Vestía una pesada túnica burdeos con capucha que escondía tanto su rostro como sus movimientos, y de su cinto colgaba una espada de mano y media.
El aire estaba viciado y enrarecido. A cien pasos se alzaba la primera casa junto a una pequeña iglesia de arcos ojivales.
Los árboles, y el resto de la vegetación, se habían marchitado. La hierba, oscura y muerta, se pudría por las constantes precipitaciones. Miraba a una y otra banda con ojos pragmáticos, estudiando la posición de los cuerpos en descomposición. Cadáveres de hombres, mujeres y niños cubiertos de gusanos y cuervos que se alimentaban de las hediondas carnes.
Se cubrió la boca y la nariz con la palma de la mano intentando no inspirar la peste a muerte. Las posturas de los muertos eran muy reveladoras. Muchos permanecían cerca de sus hogares, otros en la plaza e incluso algunos habían caído cerca de sus monturas, también muertas.
Escuchó un ruido seco a su espalda. Sin hacer ningún movimiento brusco deslizó su mano hasta la empuñadura de la espada y se giró despacio.
Enfrente, un lobo de pelaje grisáceo lo miraba acechante.
Se mantuvo inmóvil. Asiendo con seguridad su acero.
Otro lobo, con las fauces manchadas de sangre, se acercó despacio por su costado. Le seguía un tercero, más pequeño.
Sergey no sentía ni miedo ni ansiedad. Los lobos empezaron a gruñir mientras se acercaban tanteando la situación. Dio un paso hacia el primero, que era el que estaba a menor distancia. El lobo se detuvo y mostró sus afilados dientes. Uno de los otros dos se había desplazado hasta colocarse a su espalda; rodeándolo.
Comenzó a desenvainar el arma, sin apenas hacer ruido.
El segundo lobo, situado frente a él, se le abalanzó con las fauces abiertas. Sergey realizó un movimiento limpio y sereno. Su espada se desenvainó rápidamente y dibujó un semicírculo hasta acertar en la cabeza del animal. La hoja afilada había cortado carne, roto hueso y seccionado arterías de la alimaña que yacía muerta sobre un charco de sangre. La acción había durado apenas un latido de corazón.
El lobo a su espalda corrió hacía el caballero. Sergey se giró mientras ejecutaba un elegante movimiento con el arma para asestar otro golpe letal. El filo, ensangrentado, partió certeramente el cráneo del can. No hubo queja alguna, sólo un sonido seco y sordo.
Notó como el tercer lobo saltaba entonces sobre su costado, clavándole las aceradas garras en su espalda. Ambos cayeron pesadamente contra la puerta de una pequeña y destartalada casa. Las viejas y raídas maderas se resquebrajaron quedando lobo y hombre dentro del hogar. Sergey estaba tumbado sobre el cadáver de una anciana, y el lobo panza arriba a su costado. Comenzó a incorporarse pero el perro era mucho más rápido. Las mandíbulas se abalanzaron a su cuello, sólo pudo evitar la muerte interceptando la mordedura con su brazo izquierdo. El lobo apretaba con fuerza la extremidad, moviendo la cabeza de un lado a otro intentando arrancar el brazo del cuerpo. El caballero gritó de dolor e ira mientras con su mano derecha intentaba llegar a su espada. Era inútil, el lobo le sujetaba con fiereza y pesaba lo suficiente para inmovilizarlo. Intentó librarse clavándole el pulgar en un ojo, pero no sólo no lo soltó sino que apretó con mayor rabia.
Volvió a tantear el suelo, esta vez en busca de lo que fuese. Notó el brazo hinchado y rígido de la mujer sobre la que luchaba y que en su mano todavía asía un cuchillo de cocina. Se lo arrebató de un tirón y lo clavó en el gaznate del animal. El lobo soltó el brazo de Sergey y se desplomó. Todo había acabado. Los tres lobos estaban muertos y él podía contarlo.
Cogió la espada del suelo y la limpió restregándola contra la túnica burdeos. Después la envainó emitiendo el filo su característico sonido y el golpe final de la empuñadura contra la vaina. A continuación, desgarró un pedazo de tela de su capa y se vendó el antebrazo herido.
Pronto su corazón se calmó y su respiración dejó de ser jadeante. Intentó recapacitar. Toda la gente del pueblo, hombres, mujeres y niños, había fallecido súbitamente. La mayoría de un modo tan inesperado y rápido que ni tan siquiera les había dado tiempo a dejar de hacer lo que estuviesen haciendo. Además, también encontraron la muerte los animales y las plantas. No era a consecuencia de un potente veneno pues los lobos que se alimentaron de los cadáveres no fallecieron, ni tampoco los cuervos. La explicación parecía escapar a la razón.
Volvió a mirar el cadáver de la anciana. Su rostro estaba negro y rancio. Las cuencas de los ojos profundamente hundidas. La piel parecía haberse secado más allá de lo que cupiese esperar en tan pocos días, sin embargo su expresión no mostraba ni miedo ni sufrimiento. Como si la muerte se la hubiese llevado sin previo aviso. En todos sus años de experiencia en campos de batalla y tragedias naturales Sergey nunca había visto nada parecido.
Salió de la casa para buscar alguna prueba de qué había sucedido en el ahora maldito pueblo de Gorodkaya. Caminó hasta la plaza donde había un abrevadero de piedra y a escasos codos de éste un hombre caído junto a su mula.
Enfrente se alzaba la pequeña iglesia. Cuando iba a acercarse oyó un sonido inesperado. Un lloriqueo suave, como los gemidos de un gato.
Dio la espalda a la iglesia y sus pasos, guiados por el oído, lo llevaron a la casa de la que provenían los sollozos. La puerta estaba cerrada por lo que tubo que derribarla de un empujón. En el interior el hedor a muerte se mezclaba con un aroma peculiar, una fragancia semejante a la orquídea dama de noche. En la estancia principal el cuerpo putrefacto de una mujer oronda descansaba en una mecedora. Los gemidos persistían detrás de otra puerta. Tras ésta, el aroma cítrico era aún más embriagador y predominaba sobre la peste de un cadáver que reposaba sobre una cama. Un escalofrío recorrió la espalda de Sergey. En el suelo había un recién nacido llorando.
Sin duda un milagro, pues había sobrevivido por lo menos tres días sin comer.
El caballero de Moscova se acercó con cierta desconfianza. El niño sollozaba sin apenas fuerzas, como si fuese consciente que aquel leve lloriqueo le acababa de salvar la vida. Era tan pequeño e indefenso, cómo no lo habían encontrado los lobos.
Se arrodilló y con la ayuda de una manta áspera y basta lo cogió en brazos. El niño dejó de llorar.

Nikolay estaba sentado junto a su padre en la taberna, rodeados de hombres fumando en pipa y bebiendo vodka que escuchaban atentos cada palabra del joven.
-¿El pueblo maldito de Gorodkaya? Le preguntó mi padre. Sí, respondió. No nos podíamos negar, era un hombre de Moscova, venía en nombre de la Dama Negra. Tuve que acompañarlo hasta casi el mismo pueblo. Tres días han pasado y todo sigue tan muerto como lo encontramos.
-¿Por qué le han mandado? –Le inquirió un anciano de poblada barba.
-No lo sé. Bueno, el caballero apenas habló.
-Es brujería, seguro. –Sentenció el mismo hombre.
En ese instante la puerta de la taberna se abrió dejando entrar una ráfaga de aire gélido. Todos se giraron para ver la enorme figura del caballero que en sus brazos abrazaba un bebé.
Se hizo el más incómodo de los silencios.
-¿El sacerdote? –Dijo Sergey.
De entre los presentes un hombre delgado y de pelo ralo se abrió paso.
-Soy yo. –Murmuró.